19.6.17

Historia2 C13

Los gritos de Ema se escuchaban desde mi cuarto y por mucho que quisiera concentrarme en el libro de texto que tenía enfrente sabía que hasta que no se detuviera no podría hacerlo. No podía culparla, estaba enojada con Sam por haberse metido en una de sus citas. Samuel se pasaba en protector y Ema había llegado a la edad en la que tendría que darle su espacio o las cosas se arruinarían para ambos.
Cerré el libro, no tenía caso seguir intentándolo, tome mi billetera, una campera y salí del cuarto.
Pase por la habitación de Sam y me encogí al sentir los gritos aún más fuertes. La chica sabía cómo elevar el tono de forma amenazante.
Afuera estaba helado, pero aún así no quería usar el auto. El viento frío me haría bien y tenía que ir acostumbrándome al clima porque en breve comenzaban los entrenamientos a campo abierto.
Tenía ganas de salir, de ver a alguien y disfrutar de una salida, pero la gente que conocía y con la cual quería pasar el tiempo estaba ocupada con sus dramas como para salir conmigo a distraerse.
En momentos como este me daba cuenta de lo selectivo y cerrado que era. Sí, conocía gente a montones, pero mi único amigo era Sam y recientemente Oriel se había unido a la corta y patética lista. No disfrutaba estar en grupo a menos que fuera con ellos y estaba seguro de que eso no decía nada bueno sobre mí; sobretodo teniendo en cuenta con la cantidad de chicas que había conectado en el último año.
¿Me convertía eso en un chico de veinte años patético y raro?, si, lo hacía, y superficial también pero no podía evitarlo, no era como si mi apellido me diera muchas opciones de todas formas…
Estaba revisando mi lista de contactos, tendría que elegir a alguien que me ayudara a pasar el rato y algo de compañía femenina parecía ser la opción más indicada, cuando se interpusieron en mi camino. Seguí con la mirada el par de piernas esbeltas y largas y no pude evitar sonreír al encontrarme con su cara. No recordaba el nombre de la chica, pero de solo verla había calentado gran parte de mi cuerpo y eso era lo que importaba…
-          ¿Cómo estas Simón?
-          Perfectamente ahora que nos vemos, ¿vos?
Sabía que si la chica no estuviese tan maquillada podría haber distinguido el rubor de sus mejillas porque sus ojos se iluminaron al darse cuenta de que mi actitud había cambiado y no era tan indiferente como la última vez que nos habíamos visto.
-          Muy bien – sonrió - ¿ibas a algún lado?
-          Pensaba ir a comer algo. ¿Queres hacerme compañía en la cena?
-          ¿Me estas invitando a cenar?
-          Si.
Su sonrisa perfecta se ensanchó aún más y aunque no estaba convencido de lo que estaba haciendo igual disfrute que dijera que si.

17.6.17

Historia2 C12

Lunes, preciado y muy rutinario lunes…
Después de un domingo tan extraño como el de ayer no podía estar más aliviada de volver a la rutina como lo estaba.
Necesitaba volver a clases para dejar de pensar en el extraño desayuno que había compartido con Simón y la aún más extraña noche en donde, mientras cenaba con los chicos, recibí un mensaje de texto de su parte preguntando como estaba. Tenía que admitir que era persistente pero ese era justamente el problema, hacía muy poco que lo conocía y nadie me podía sacar de la cabeza que chicos como Simón solo buscaban chicas como yo para divertirse un rato. Hasta el momento nada demostraba que no era igual a Ignacio y, así como había pasado con Diana, podía resultar en que yo me volviera en el próximo objetivo de Simón. Tenía que ir con cuidado; la única persona amable que había conocido en mi vida oficiaba de mi mejor amigo y tenía suficiente experiencia como para saber que Guillermo era como una piedra preciosa, de mucho valor y difícil de encontrar.
Estaba a mitad de mi clase de pintura contemporánea cuando recibí un mensaje de Guille avisándome que Luca había decidido quedarse una semana más. No pude sentirme más feliz y aliviada al mismo tiempo, feliz porque adoraba a Luca y siempre era bueno tenerlo cerca y aliviada porque el hecho de que él estuviese en la ciudad mantenía a Guillermo alejado para que me devolviera espacio; el hecho de que no se hubiese presentado a mis primeras dos clases ya era una muestra de ello.
 Termine la clase más tarde de lo programado, la profesora se extendió en su explicación sobre el concepto de “moderno” y eso implicó que tuviera que correr para no llegar tarde al té que Guillermo había organizado en su casa para que todos compartiéramos un poco de tiempo juntos. Esta noche los chicos tenían una cena con unos amigos de Luca y aunque habían insistido en que los acompañara tuve que declinar la invitación; ellos necesitaban tiempo a solas y yo no soportaba la clase de chicos con los que Luca se juntaba. Todos jugaban como él y aunque no me gustaba encasillar a las personas lamentablemente eso era inevitable en la patética sociedad en la que vivíamos.
Llegue a lo de Guillermo media hora tarde y no perdió el tiempo reprochándomelo…
-          No me parece que nos hagas esperar. – dijo mientras servía un poco de té rosa en mi taza – Tuve que calentar el agua dos veces.
-          No seas pesado – lo reprendió Luca mientras agarraba un bollo de canela del inmenso plato que estaba en el centro de la mesa – se atraso por su clase, no porque se quedo mirando instrumentos y perdió la noción de la hora.
-          Si con eso me estas queriendo decir algo solo voy a ignorar el sarcasmo. – Guille terminó de acomodar las tazas, dejo la tetera y se sentó junto a su novio.
Amaba el drama de mi amigo y más amaba la forma en que Luca se acoplaba y le seguía el juego. Me hacían reír a montones y eso era justo lo que necesitaba.
-          Entonces – dije para cambiar el rumbo de la charla. Ya estaban empezando con la escena de gritos que formaba parte de su novela - ¿Qué planes tienen para esta noche?, además de la cena con tus amigos Luca, por supuesto.
-          Bueno, pensábamos salir a tomar algo con el grupo y, si querías, al menos podrías unirte con nosotros para ese entonces…
-          Lo dudo – le dije a Luca. Parecía esperanzado, pero yo rompería su ilusión en este momento. – es lunes y no quiero arrancar mi semana arruinando tanto los horarios.
-          Mentís – intervino Guillermo – Esa costumbre que tenes de querer ser gentil todo el tiempo es algo molesta ¿sabes?, no siempre voy a estar para decir lo que en verdad estas pensando.
-          Tal vez, y solo tal vez, no es mi deseo que siempre estás ahí creyendo saber lo que estoy pensando.
-          No creo que lo sé, lo hago. – miro a su novio y puso cara de suficiencia – Merlina no va a venir con nosotros porque no soporta a tu grupo de amigos, sobre todo a ese Gastón que no para de estarle encima cada vez que salimos juntos.
-          Bueno, puedo entender eso – Luca no parecía sorprendido en lo absoluto – pero si es por Gastón no te preocupes que puedo mantenerlo a raya.
-          No, no es Gastón, yo también puedo mantenerlo a raya – sonreí – es solo que esta vez no tengo humor para salir y realmente no quiero empezar la semana trasnochando.
Luca asintió y a partir de ese entonces la conversación se centro en Guillermo y su necesidad imperiosa de buscarme pareja.
Esto siempre pasaba cuando estaban juntos, Guillermo se sentía tan enamorado y contento cuando estaba alrededor de Luca que no podía evitar querer que yo viviera lo mismo y para peor su novio se sentía igual que él así que solo alimentaba sus delirios. Básicamente los ignoré, siempre lo hacía, y para cuando terminamos de merendar finalmente ambos se habían dado cuenta de que era una causa perdida. Lo último que quería era dejar entrar un chico en mi vida.

31.5.17

Historia2 C11

Caminar junto a Simón no era lo mismo que caminar junto a Guillermo.
Simón tenía un ritmo lento, guardaba silencio y estar junto a él generaba una sensación de seguridad que no había experimentado hasta el momento; Guillermo era como mi hermano y junto a él me sentía la persona más fuerte y capaz del mundo pero no era lo mismo.  
Llegamos al café que estaba a unas cuadras de la Universidad y sorpresivamente Simón eligió la mesa en la que siempre me sentaba a dibujar. Amalia, la camarera, se acercó enseguida para tomar nuestro pedido y Simón la miro sorprendido cuando después de tomar su orden comenzó a alejarse sin dirigirme una sola mirada. Por supuesto que la detuvo y no me gustó nada la mirada de resentimiento que le echó al hablarle…
-          Ella también va a desayunar. – la voz de Simón fue cortante y sentí mucho orgullo por Amalia al no demostrar sentirse intimidada.
-          Lo sé. – la chica de pelo rosa y labios pintados de azul me miró y guiño un ojo.
Simón la miro aún más confundido y cuando finalmente estuvimos solos me miró inquisitivamente.
-          ¿Siempre venís acá? – bueno, el chico era más listo de lo que pensaba. Me gustó notar eso.
-          Si y siempre pido lo mismo.
-          ¿Siempre?
-          Siempre.
Simón asintió y, sin pedir permiso, tomo mi mano que estaba apoyada sobre la mesa. Sentí un cosquilleo en el estómago cuando su piel hizo contacto con la mía pero lo ignore, no quería que pensara que me afectaba tenerlo cerca; eso solo me convertiría en una chica como cualquier otra porque estaba segura de que era de esos chicos que causaban un fuerte efecto en las mujeres. Solo con ver su perfecto rostro podías deducirlo.
-          ¿Qué haces? – pregunté cuanto apretó su agarre y estiro mi brazo hasta que estuvo a su altura.
-          Nada. – sin mirarme y sin pedir permiso subió la manga de mi sweater.
-          Eso que estás haciendo no está bien. – tire de mi brazo para que lo soltara pero lo sostuvo con más fuerza.
-          ¿Ayer? – sus ojos turquesa me taladraron y pude ver reproche en ellos.
-          No es de tu incumbencia.
Tiré con más fuerza y pude soltarme. Simón no se vio muy contento pero no dijo nada y se inclinó sobre la mesa para estar más cerca.
-          Esto es lo que va a pasar… – se inclinó aún más y sus ojos claros que parecían brillar con la luz que entraba de afuera me obligaron a guardar silencio - vamos a ser amigos, vamos a frecuentarnos y vas a dejar de querer alejarme y poner el grito en el cielo cada vez que me tenes cerca. No me interesa si eso te trae problemas con Ignacio o no, ya entendí que podes cuidarte sola y justamente por eso no veo motivo para que no podamos continuar con esto. – nos señalo a ambos – Puede que después terminemos odiándonos, que no seamos compatibles, que pasada una semana ya no te quiera tener cerca pero dudo eso y, francamente, me está haciendo falta un nuevo amigo, así que ya no intentes alejarte. No vas a lograrlo.
-          ¿Vos me queres hacer creer que te hacen falta amigos? – sonreí. Esa parte había sido tan ridícula.
-          Sí, necesito ampliar mi círculo. – volvió a acomodarse en su lugar y me miro seriamente - Que me vea y actúe como si el mundo me perteneciera no significa nada y vos más que nadie debería saber eso.

8.5.17

Historia2 C10

Me quede dormida con la ropa puesta, sobe las sábanas deshechas. El frío y el sueño profundo hicieron que me despertara con todos los músculos agarrotados. Necesitaba un baño caliente y un café; junte ropa limpia, agarre una toalla y salí del cuarto camino a las duchas.
Había visto el reloj antes de salir por eso no me sorprendía que los pasillos y el baño de mujeres estuviesen desiertos. Nadie se despertaba un domingo a las ocho de la mañana; solo los muy estudiosos, y para ellos esta hora ya era tarde.
Me tome mi tiempo bajo el chorro de agua caliente y quise llorar de la impotencia cuando me vi las marcas en los brazos y el moretón, ahora azul, sobre las costillas. Era un desastre.
Estuve casi una hora en la ducha y solo volví al cuarto para dejar la ropa sucia y agarrar algo de plata.  
Estaba saliendo del edificio cuando sentí el celular vibrar dentro del bolsillo trasero de mis jeans.
* ¿Despierta a esta hora? Un domingo, ¿desayunamos juntos?
 Simón *
Me detuve en seco y leí el texto dos veces para comprobar que no estaba delirando…
-          ¿Muy espeluznante?
Del susto pegué un salto y deje caer el teléfono al piso.
Simón estaba frente a mí, sonriendo y mientras se agachaba a levantar mi teléfono me tome unos segundos para bajar la adrenalina…
-          Lo siento, no quise asustarte. – me extendió el celular - ¿Desayunamos?
-          ¡Por Dios Simón!, ¡¿Qué haces acá?! Esto se está volviendo extraño, me estas asustando…
Y lo decía enserio. De repente ya no tenía que preocuparme por Ignacio sino por este chico de ojos turquesa que se aparecía cada dos por tres en cualquier lugar en el que estuviese y además ¡¿Cómo diablos había conseguido mi teléfono?!
-          No tenes nada de qué preocuparte, solo salí a correr como lo hago todos los domingos a esta hora y te vi, no te estoy acosando.
Me detuve a mirar su ropa, estaba vestido con un joggin azul, remera blanca y tenía el pelo mojado por la transpiración. Me dio bronca darme cuenta de que aún con ese aspecto el chico lucía perfecto. Tan detestable…
-          Muy bien, puedo creer eso – dije al fin, intentando relajarme -  ¿Pero cómo conseguiste mi teléfono?, estoy segura de no habértelo dado.
-          Bueno, esa parte si puede hacerme quedar mal. Se lo pedí a una chica que conozco y está en tus clases…
Cerré los ojos y respire profundo. Yo no tenía amigos, solo compañeros con los que hacía grupos para los trabajos que obligatoriamente tenían que ser en equipo, y eso solo quería decir que Simón realmente había estado averiguando.
-          Eso está mal – lo mire seria – tan mal que no me salen las palabras para reprocharte. Dejame tranquila Simón, ya te lo dije ayer. No quiero tenerte cerca, solo me vas a traer más problemas.
-          Estas exagerando, solo quiero que seamos amigos. No podes negar que esta coincidencia nos está diciendo algo. ¿Por qué no queres tenerme cerca?
-          Ya te dije, entre vos y Guillermo solo van a empeorar las cosas y sé lo que estás haciendo. Te pensas que porque viste que una vez un chico me levanto la mano necesito que alguien me ayude pero no, no necesito a nadie. Lo que paso no es la gran cosa y ya deja de querer actuar como el héroe porque es patético y no va a resaltar tu masculinidad.
Estaba siendo cruel pero no importaba, Simón tenía que entender el mensaje.
Di media vuelta para irme, la mala noche y este peor comienzo de mañana me estaban afectando, pero para detenerme Simón me agarró el brazo y sostuvo con fuerza. Pegue un grito y sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas.
-          ¡¡Simón!!
-          ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué paso?!
Me había agarrado por la muñeca que estaba lastimada y de la presión que había ejercido podía sentir como las heridas, frescas por la ducha, latían bajo el sweater.
Agotada, tenía que respirar profundo para contener el insulto y el dolor, apoye mi frente en su pecho. Simón se quedó quieto mientras yo me relajaba. Estaba invadiendo su espacio personal pero no me importaba y al parecer a él tampoco porque no me apartó hasta que estuve relajada y para eso solo apoyó sus manos en mis hombros y me alejo solo lo suficiente como para poder verme a la cara.
         -    ¿Qué paso?, ¿Qué hice?
         -     Nada – suspire – no fue nada. Ya está.
         -    ¡Y una mierda! – su grito me sobresaltó - ¿Qué paso?
Algo frustrada, ya conocía a Simón como para saber que no se detendría hasta que le contestara, me separé de él y me levante la manga del sweater. Sus ojos se abrieron ligeramente y sin pedir permiso tomo mi brazo como si fuera de cristal.
-          No es nada Simón, solo me dolió porque recién salgo de la ducha y la piel esta sensible, pero la mayor parte del tiempo no lo siento.
Sus ojos, ahora llenos de algo muy similar a la compasión, se clavaron en los míos. Era difícil mantener la mirada, sentía que me estaba viendo por dentro, que estaba descubriendo cada uno de mis secretos; pero eso era absurdo porque el chico no me conocía y en definitiva yo no tenía nada de qué avergonzarme.
-          Vamos a desayunar. Y no, no te estoy preguntando. – entrelazo sus dedos con los míos y tiro para que comenzara a caminar a su lado – Vamos. 

5.4.17

C40

Estuve entre los brazos de Sam lo que parecieron horas, aunque probablemente hayan sido solo unos pocos minutos, por eso cuando me soltó tan de golpe el frío me golpeó con fuerza.
-          ¡¿En dónde diablos estabas?! ¿sabes la preocupación que tenía?, no contestaste tu teléfono, nadie te vio salir, tampoco viniste directo a los dormitorios, ¿Qué estabas haciendo? ¡¿Cómo pudiste hacerme algo así?
-          Me estas lastimando...
De golpe Sam me soltó. Mientras me gritaba reproches seguramente no se había dado cuenta pero me tenía agarrada de los brazos muy fuerte. Se lo notaba arrepentido, pero no por eso la intensidad de sus ojos grises había bajado. Había reproche en ellos, mucho, mucho reproche.
-          No creí que tuviese que avisarle a nadie que me iba. Fui a dar una vuelta por el centro, no fue nada grave. Lamento haberte preocupado pero no creí que necesitara avisarte.
-          Por supuesto que necesitas avisarme. Jamás había estado tan asustado por alguien como cuando no te encontré en el bar y al preguntar nadie sabía dónde estabas ni te había visto salir. No podes irte sola Oriel, no podes hacerme una cosa así. Estamos juntos. Entendelo de una vez, vos y yo estamos juntos y eso significa que tenes que considerarme cada vez que des un movimiento.
-          Nosotros no estamos juntos. – apreté la mandíbula con fuerza y lo miré mal – No lo estamos; y si fueras honesto con vos mismo admitirías que no notaste mi ausencia porque estuviste hablando con Helena apartado del grupo. No es de mi incumbencia lo que hayas compartido con ella pero no podes hacerme ningún reproche después de eso.
-          Te equivocas. Si es de tu incumbencia; todo lo que yo haga y te moleste o te llame la atención lo es. Estaba apartado con Helena porque no quería armar un escándalo ni exponerte a uno al momento de aclararle que no podía tratarte así. Helena es una chica difícil y peligrosa, si no le dejaba en claro algunas cosas te iba a seguir provocando y creeme cuando te digo que sabe como generar momentos difíciles para otros.
-          Te creo, fui testigo de uno de ellos.
Los ojos de Sam brillaron de la vergüenza.
Ahora él era un chico tan transparente para mí...
Eso era un poco increíble. Samuel siempre me había resultado un misterio, pero desde que las cosas habían cambiado entre nosotros había aprendido a leer su estado de ánimo en sus ojos. Eran increíblemente expresivos y estaba segura de que él me permitía verlo porque quería. Se trataba de nosotros y había hecho algo para levantar la barrera que lo separaba del mundo solo para que yo supiese que no estaba mintiendo.
Eso hacía todo tan sencillo, tan real y daba tanto miedo…
-          Tenes razón. – respire profundo e intente calmarme. Estaba siendo inmadura y lo sabía – Tendría que haber confiado en vos y no haberme alejado así. Estuvo mal no decirle a nadie donde estaba pero creeme que esa parte no fue apropósito, es solo que nunca antes tuve que dar explicaciones por nada y me cuesta entender que tal vez ahora tenga que hacerlo.
-          Lo sé. – Sam dio un paso hacia mí y tomo mis manos entre las suyas. Estaban heladas. – Pero ahora me tenes a mí, nos tenes a nosotros. Ema, Simón… todos estábamos muy preocupados. Lo nuestro va enserio Oriel y si no empezas a abrirte y a entenderlo dudo que funcione. Voy a dar todo de mí pero tenes que dejarme entrar, no dejes que el miedo te venza. Sos una chica fuerte, no voy a permitir que la inseguridad arruine esto. – miro nuestras manos unidas y suspiro – Te voy a dar lo que necesitas para que confiés en mi pero no me dejes afuera. Simplemente no lo hagas.
Cuando sus ojos volvieron a enfocarse en los míos creí que el mundo temblaba a mis pies.
Sin pensarlo rodee su cuello, acerque sus labios a los míos y lo bese. Sentí la sonrisa de Sam sobre mi boca y eso fue todo, supe que no había vuelta atrás.