Mostrando entradas con la etiqueta Novela Historia2 Merlina Simón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela Historia2 Merlina Simón. Mostrar todas las entradas

8.5.17

Historia2 C10

Me quede dormida con la ropa puesta, sobe las sábanas deshechas. El frío y el sueño profundo hicieron que me despertara con todos los músculos agarrotados. Necesitaba un baño caliente y un café; junte ropa limpia, agarre una toalla y salí del cuarto camino a las duchas.
Había visto el reloj antes de salir por eso no me sorprendía que los pasillos y el baño de mujeres estuviesen desiertos. Nadie se despertaba un domingo a las ocho de la mañana; solo los muy estudiosos, y para ellos esta hora ya era tarde.
Me tome mi tiempo bajo el chorro de agua caliente y quise llorar de la impotencia cuando me vi las marcas en los brazos y el moretón, ahora azul, sobre las costillas. Era un desastre.
Estuve casi una hora en la ducha y solo volví al cuarto para dejar la ropa sucia y agarrar algo de plata.  
Estaba saliendo del edificio cuando sentí el celular vibrar dentro del bolsillo trasero de mis jeans.
* ¿Despierta a esta hora? Un domingo, ¿desayunamos juntos?
 Simón *
Me detuve en seco y leí el texto dos veces para comprobar que no estaba delirando…
-          ¿Muy espeluznante?
Del susto pegué un salto y deje caer el teléfono al piso.
Simón estaba frente a mí, sonriendo y mientras se agachaba a levantar mi teléfono me tome unos segundos para bajar la adrenalina…
-          Lo siento, no quise asustarte. – me extendió el celular - ¿Desayunamos?
-          ¡Por Dios Simón!, ¡¿Qué haces acá?! Esto se está volviendo extraño, me estas asustando…
Y lo decía enserio. De repente ya no tenía que preocuparme por Ignacio sino por este chico de ojos turquesa que se aparecía cada dos por tres en cualquier lugar en el que estuviese y además ¡¿Cómo diablos había conseguido mi teléfono?!
-          No tenes nada de qué preocuparte, solo salí a correr como lo hago todos los domingos a esta hora y te vi, no te estoy acosando.
Me detuve a mirar su ropa, estaba vestido con un joggin azul, remera blanca y tenía el pelo mojado por la transpiración. Me dio bronca darme cuenta de que aún con ese aspecto el chico lucía perfecto. Tan detestable…
-          Muy bien, puedo creer eso – dije al fin, intentando relajarme -  ¿Pero cómo conseguiste mi teléfono?, estoy segura de no habértelo dado.
-          Bueno, esa parte si puede hacerme quedar mal. Se lo pedí a una chica que conozco y está en tus clases…
Cerré los ojos y respire profundo. Yo no tenía amigos, solo compañeros con los que hacía grupos para los trabajos que obligatoriamente tenían que ser en equipo, y eso solo quería decir que Simón realmente había estado averiguando.
-          Eso está mal – lo mire seria – tan mal que no me salen las palabras para reprocharte. Dejame tranquila Simón, ya te lo dije ayer. No quiero tenerte cerca, solo me vas a traer más problemas.
-          Estas exagerando, solo quiero que seamos amigos. No podes negar que esta coincidencia nos está diciendo algo. ¿Por qué no queres tenerme cerca?
-          Ya te dije, entre vos y Guillermo solo van a empeorar las cosas y sé lo que estás haciendo. Te pensas que porque viste que una vez un chico me levanto la mano necesito que alguien me ayude pero no, no necesito a nadie. Lo que paso no es la gran cosa y ya deja de querer actuar como el héroe porque es patético y no va a resaltar tu masculinidad.
Estaba siendo cruel pero no importaba, Simón tenía que entender el mensaje.
Di media vuelta para irme, la mala noche y este peor comienzo de mañana me estaban afectando, pero para detenerme Simón me agarró el brazo y sostuvo con fuerza. Pegue un grito y sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas.
-          ¡¡Simón!!
-          ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué paso?!
Me había agarrado por la muñeca que estaba lastimada y de la presión que había ejercido podía sentir como las heridas, frescas por la ducha, latían bajo el sweater.
Agotada, tenía que respirar profundo para contener el insulto y el dolor, apoye mi frente en su pecho. Simón se quedó quieto mientras yo me relajaba. Estaba invadiendo su espacio personal pero no me importaba y al parecer a él tampoco porque no me apartó hasta que estuve relajada y para eso solo apoyó sus manos en mis hombros y me alejo solo lo suficiente como para poder verme a la cara.
         -    ¿Qué paso?, ¿Qué hice?
         -     Nada – suspire – no fue nada. Ya está.
         -    ¡Y una mierda! – su grito me sobresaltó - ¿Qué paso?
Algo frustrada, ya conocía a Simón como para saber que no se detendría hasta que le contestara, me separé de él y me levante la manga del sweater. Sus ojos se abrieron ligeramente y sin pedir permiso tomo mi brazo como si fuera de cristal.
-          No es nada Simón, solo me dolió porque recién salgo de la ducha y la piel esta sensible, pero la mayor parte del tiempo no lo siento.
Sus ojos, ahora llenos de algo muy similar a la compasión, se clavaron en los míos. Era difícil mantener la mirada, sentía que me estaba viendo por dentro, que estaba descubriendo cada uno de mis secretos; pero eso era absurdo porque el chico no me conocía y en definitiva yo no tenía nada de qué avergonzarme.
-          Vamos a desayunar. Y no, no te estoy preguntando. – entrelazo sus dedos con los míos y tiro para que comenzara a caminar a su lado – Vamos. 

1.3.17

Historia2 C8

-          ¡Lo siento!, no quería asustarte, solo buscaba detenerte antes de que escaparas.
Simón.
Tercera vez que veía al chico en el día y con la primera ya me había parecido suficiente.
-          Hola Simón. – lo salude con un gesto y voltee para seguir caminando. Tenía que apurarme.
-          ¡Ey!, ¡espera!, ¿A dónde vas?
-          Ese no es tu problema.
Seguí caminando hasta la salida con el chico pegado a mis talones.
-          Estoy tratando de ser amable, podrías intentarlo también. Sé que no empezamos bien pero si lo intentaras podríamos ser amigos y…
-          No necesito un amigo. – lo interrumpí – Solo necesito que me dejes sola.
De reojo vi una figura conocida y el corazón se me encogió en el pecho.
¡No podía tener tanta mala suerte!, Ignacio estaba a unos pocos metros y en cuanto lo distinguí, como si supiera, sus ojos se clavaron en los míos.
-          Ni siquiera me conoces – la voz de Simón me devolvió a la realidad - No me estás dando la oportunidad de acercarme. Quiero…
¿Qué quería?, nunca lo sabría porque guardó silencio y nuevamente me tomo por la cintura, solo que esta vez fue con mucha más delicadeza y en un movimiento rápido me ubico detrás de él. Sin darme tiempo a reaccionar se irguió en toda su postura.
-          ¿Qué haces? – pregunté, confundida.
No llegó a contestarme y tampoco necesité que lo hiciera porque Ignacio estaba frente a nosotros.
-          Hola chicos, ¿Cómo están?
-          ¿Qué haces acá?
-          ¿Qué forma es esa de tratar a un amigo, Simón?
-          Nosotros no somos amigos - la voz de Simón sonaba fría – y te pregunté qué hacías acá. ¿La estas siguiendo?
La cara de Ignacio, antes relajada e indiferente, se transformó del odio. Por un lado era bueno no tener que enfrentarme al chico por segunda vez en el día, pero por otro estaba odiando a Simón en silencio. Esto me costaría caro, lo sabía.
-          No seas ridículo, por supuesto que no la estoy siguiendo, ya no. – los ojos de Ignacio se clavaron en los míos - ¿Cómo estas Merlina?
No tuve tiempo de contestar porque Simón, sorprendiéndome, se acercó a Ignacio y lo agarró por la camisa.
-          No vuelvas a dirigirte a ella. Y ahora andate a menos que quieras tener problemas conmigo.
Lo soltó con violencia y aunque era evidente que Ignacio quería responder con la misma moneda no lo hizo.
Antes de irse me echó una mirada que lo decía todo. Con Simón no pero conmigo sería una historia completamente diferente.
-          ¡¿Por qué hiciste eso?!
Simón tardo unos segundos y para cuando finalmente volteo a verme me sorprendió su expresión. Estaba más allá de enojado. Sus ojos, que por el intenso color solían brillar, estaban como oscurecidos por la rabia y su expresión dura hacía que sus rasgos lucieran aún más perfectos y amenazantes.
-          No hice nada. – me contestó indiferente - Y ahora decime que te hizo esta tarde. Vi como te encogías cuando te agarré y por el comentario de Ignacio resulta evidente. ¿Qué paso?
Abrí los ojos sorprendida y guarde silencio.
Estaba buscando la mejor forma de salir de esto cuando alguien apoyó su mano en mi hombro. Esta vez no me asusté, sabía quién era.
-          ¿Quién es él?
Voltee para ver a Luca y sonreí para tranquilizarlo, miraba a Simón como si quisiera arrancarle los ojos.
-          Simón, un compañero de la Universidad. ¿Ya están las bebidas?
-          Si, hace un rato largo. – los ojos de Luca dejaron de taladrar a Simón y se suavizaron al verme - ¿Vamos?, el concierto esta por empezar.
-          Sí, vamos. Nos vemos Simón.
Solo lo miré un segundo antes de que Luca me tomara de la mano para arrastrarme con él, pero ese segundo fue suficiente para distinguir la expresión de molestia y desconcierto en la cara de Simón.