14.1.17

C34

-          Te digo que le dio un golpe, uno como el que recibiríamos nosotros si estuviésemos peleando.
Samuel me miró sorprendido.
Hacía una hora que había llegado de cenar con Ema y todavía no podía lograr que me prestara atención; esta era la primera vez que tenía una reacción acorde con el tema que estaba intentando discutir con él.
-          Honestamente no me sorprende – Sam comenzó a sacarse los zapatos mientras se recostaba en el sillón – Ignacio siempre me pareció violento y con un temperamento volátil. Todavía me acuerdo cuando le rompió el tabique a Eliseo en una de las prácticas y ni siquiera estábamos compitiendo.
-          Lo sé, a mí tampoco me gustó nunca, por eso fui a hablar con el entrenador e hice que quedara fuera del equipo. Ese chico no va a salir impune de esto, no mientras yo estudie en la misma Universidad.
-          ¿Le hizo algo a Oriel o a Ema de lo cual no estoy enterado?
-          No – mire a Sam confundido. De haberlo hecho se lo hubiese dicho inmediatamente – solo atacó a esa chica.
-          Y eso es muy serio, pero igual me parece que estás teniendo una reacción muy intensa para ser que no la conoces y ni siquiera sabes porque estaban discutiendo.
-          No necesito saber sobre que estaban discutiendo para entender que lo que hizo Ignacio traspasa todos los límites. ¿O acaso no me escuchaste?, él la golpeo, la agredió físicamente.
-          Lo sé, lo sé… - mi mejor amigo cerró los ojos y se llevó las manos al pelo. Solía despeinarse cuando estaba estresado – no me estoy tomando esto enserio, perdóname Simón pero Oriel me tiene confundido y ni hablar de que pasar una hora con mi hermana hablando sin parar me deja exhausto.
-          Te entiendo – sonreí – Ema puede ser muy estresante, pero igual me sorprende que no te haya mencionado lo de hoy.
-          Probablemente tenía miedo de que enloqueciera ahí mismo.
-          Puede ser... y con Oriel, ¿Qué vas a hacer con ella?
-          Por primera vez en mi vida no tengo la menor idea. Hoy le lleve la cena pero para cuando llegamos ya estaba dormida, ni siquiera espero hasta que volviéramos.
-          Para ser justos ella no te había pedido nada…
-          Es cierto, pero igual me molesta. – Sam suspiró y se levantó del sillón – En realidad lo que realmente me molesta es que no ceda, que no me permita entrar.
-          Todos sabemos que eso es lo que realmente te molesta pero por esta vez me parece lo mejor. Si de verdad te gusta esta chica vas a tener que trabajar para conseguir progresos y eso es lo que va a hacerlo interesante.
Sam suspiró y sin decir nada tomo el par de zapatos que habían quedado en el piso y subió a su habitación.
En cierto punto lo comparecía, tomarse tanto esfuerzo para conquistar a alguien era algo que no sabíamos hacer muy bien, pero estaba seguro de que encontraría la manera de llegar a Oriel; con Samuel siempre era así.
Estaba por subir a darme una ducha cuando recibí el mensaje de texto que había estado esperando.


Con atraso, pero este capítulo va dedicados a vos Maria Luz Lfitte, fiel lectora. Besos y muchos éxitos para este nuevo año que ya esta comenzando... 

2.1.17

C33

Debería de haber supuesto que la promesa de Samuel de mantenerse lejos no duraría mucho.
Para darle un poco de crédito no estaba en mi habitación porque me buscaba, pero igual lo encontré en mi cama, revisando mis cosas, cuando volví hace unos minutos de la biblioteca.
-          Hola – dije y sentí como, inmediatamente, mis mejillas se calentaron de la vergüenza.
-          Hola – él sonrió como nunca antes lo había visto sonreír y cerró el libro de anotaciones que había estado usando ayer en la noche.
Podría haberle dicho alfo por haberse atrevido a abrir uno de mis cuadernos, pero en lugar de eso estuvimos mirándonos a los ojos lo que me pareció una eternidad, o al menos habrá sido un buen minuto porque ambos nos sobresaltamos cuando la puerta del baño se abrió y por ella salió Ema.
-          ¡Oriel!, ¡llegaste!, ya me estaba preocupando.
-          No es tan tarde..
-          Para volver sola de la biblioteca lo es.
Ignore el comentario de Samuel y me acerque a mi escritorio para dejar los libros que traía.
-          Entonces – dijo Ema - ¿vamos a salir o no?
-          Si, vamos a salir, solo tenes que decidir dónde y nos vamos cuando estés lista.
-          ¡Perfecto! – Ema me miró - ¿venís?
-          No – sonreí – pero gracias por la invitación.
Por el rabillo del ojo pude ver que Samuel estuvo a punto de decir algo, pero se contuvo y eso le hizo ganar un par de puntos. Que se esforzara por no presionar ya era algo.
-          Qué lástima – dijo Ema – me hubiese encantado que nos acompañaras.
-          Lo sé, y de verdad te agradezco la invitación Ema, pero tengo mucho que leer para esta semana y estoy cansada.
-          ¿Muy cansada?
Miré a Samuel.
-          Lo suficiente.
-          ¿Pero ya comiste algo?
-          Si, ya comí. – puse los ojos en blanco y me quede donde estaba, apoyada contra el escritorio.
No pensaba acercarme a mi cama hasta que él saliera de ella.
-          Estas mintiendo – Samuel volvió a sonreír – pero no te preocupes, te vamos a traer algo para que cenes cuando volvamos. – miro a su hermana - ¿lista Ema?
-          Lista.
Ema contenía la risa y eso me hizo sentir aún más avergonzada. Mis mejillas se volvieron a poner de color rojo y cuando Samuel se acercó para saludarme y besó mi mejilla tuve que contener la respiración. Su perfume era tan rico… 

Seguimos escribiendo...


7.12.16

Historia2 C2

Dolía, pero no por eso faltaría a mi clase de pintura. Solo me detuve para hacer una pasada rápida por el dormitorio, tomar un analgésico y una botella de agua.
El aula de pintura quedaba en el subsuelo, casi todas las materias de arte se daban ahí, por eso tuve que apurarme para llegar a tiempo.
Como siempre, en la puerta del aula me estaba esperando Guillermo.
-          ¡Ey! –todavía no había llegado y ya lo tenía corriendo hacía mi - ¡¿Qué te paso en la cara?!
-          Dios – cerré los ojos molesta - ¿se nota tanto?
-          Por supuesto que se nota – mi mejor amigo tomo un mechón de mi pelo entre sus dedos y suspiro – esto no es suficiente para cubrirlo.
-          Bueno, lo que sea, no importa, con las horas se irá deshinchando.
Me separé de él y camine a clase. Me ubique donde siempre y comencé a sacar mis pinceles mientras lo esperaba.
-          ¿Y?, ¿vas a contarme que paso?
-          En realidad no es tan interesante. Me encontré con el novio de mi compañera de cuarto y las cosas no salieron muy bien.
Guille se acomodó los lentes y comenzó a imitar mis movimientos mientras acomodaba sus propios materiales.
-          Te hago dos correcciones, la primera, ex compañera de cuarto y la segunda ex novio.
-          Que correcciones son tan relevantes…
Ambos nos miramos al mismo tiempo y reímos.
-          Volviendo a lo que importa, por ‘no muy bien’ ¿te referís a que termino golpeándote?
-          Exactamente. Y la verdad es que para lo intimidante que luce no pega tan fuerte.
-          Claro, porque eso es un tremendo alivio – Guille dejo lo que estaba haciendo y me tomo de la muñeca con suavidad - ¿ahora sí podemos ir a hacer la denuncia?
-          ¿Estás loco? – lo mire y me solté – mi compañera ya tenía una de estas – señale la marca en mi mejilla – cuando lo denuncio y mirala ahora.
-          Ya no comparten habitación, esa es una pregunta tramposa.
-          Exactamente.
Mi mejor amigo comenzó a murmurar una lista de motivos por los cuales debería denunciar a Ignacio, pero yo ya no lo estaba escuchando y aunque la profesora no había llegado comencé a pintar sobre el lienzo que tenía enfrente, necesitaba terminar esta pintura y no dejaría que una discusión con un chico que tenía serios problemas de temperamento me desconcentrara.
La clase fue tranquila. La profesora llego tarde por lo que no le molesto que la mitad de nosotros ya hubiésemos empezado. Mi amigo se detuvo después de una hora de balbuceos y para cuando salimos ya había dejado el tema atrás; me conocía lo suficiente como para saber que si no lo hacía terminaría alejándome. 
-          ¿Vamos a comer algo?
-          Me leíste la mente – lo miré – necesito azúcar.
-          Lo sabía. Pero no vayamos al comedor, vamos al café que queda a unas cuadras.
Asentí y cargando todos nuestros materiales salimos del edificio.
Lloviznaba, por eso para cuando llegamos al café los dos teníamos el pelo mojado y la ropa húmeda.
-          Odio este clima, empaña mis lentes.
-          Lo sé – sonreí – pero te ves adorable justo ahora y a Luca le encantaría que le mandara una foto.Si tan solo me dejaras...
-          Ni lo sueñes, me veo espantoso.
-          Vos y yo tenemos ideas muy diferentes sobre lo que espantoso quiere decir.
-          Si – me miro de arriba abajo – la tenemos.
Comencé a reír y Guille me miro mal. Odiaba cuando me reía tan fuerte y por eso fingía no conocerme y yo aprovechaba esos momentos de molestia que lo distraían para hacer lo que quería.
Mientras hacía su pedido le saque una foto y se la mande a su novio.
-          Se lo que hiciste – dijo mientras dejaba sus cosas en una mesa – y te detesto por eso.
-          No me detestas, me amas más intensamente.
Guille puse los ojos en blanco y justo en ese momento su teléfono comenzó a sonar. Era la canción de Luca y las mejillas de mi mejor amigo se pusieron rojas de la vergüenza.
Me sacó la lengua antes de contestar, gesto que me pareció muy infantil y grosero teniendo en cuenta que solo estaba recibiendo el llamado gracias a la foto que le había tomado.
Guillermo y Luca se sumergieron en una conversación que duro cuarenta minutos en donde las cosas cursis y privadas que se decían me obligaron a perderme en mi propio mundo.
Termine mi tarta de chocolate, el café cargado que había pedido y me puse a dibujar, todo mientras ellos seguían conversando...
-          ¡Ey!, Merlina
Mire a Guille y note que ya no tenía el celular en la mano.
-          ¿Terminaste? – pregunté.
-          Si, ¿vos?
-          También. – cerré el cuaderno y comencé a meter los lápices en la cartuchera - ¿Vamos?
-          Si, vamos, está lloviendo más fuerte y se hace tarde.
Efectivamente,caía una cascada del cielo. Guille comenzó a contarme sobre la conversación con Luca porque sabía que en algún momento había dejado de prestar atención y me gustó saber que el próximo fin de semana estaría visitándonos.
-          Me preguntó cómo estabas y le conté sobre el incidente de hoy...
-          ¿Por qué hiciste eso? es algo privado.
-          Dijo que cuando venga va a solucionarlo – ignorando mi comentario, Guille abrió la puerta del edifico de residencias.
-          Eso no suena para nada bien y ya sabes que yo sola puedo hacerme cargo de este problema que ni siquiera es mi problema en primer lugar.
-          Si, lo sabemos, pero eso no quita que si alguien quiere ayudarnos aceptemos su ayuda. Luca está preocupado y no va a dejar de querer involucrarse. Te quiere, tenes que dejarlo que te ayude o vas a herir sus sentimientos.
-          Me quiere porque te ama a vos. – suspiré - Tenes mucha suerte.
-          Si, la tengo, y vos también de que haya encontrado a alguien tan increíble como yo que sabe lo valiosa y especial que sos.
Tenía que reconocer que mi mejor amigo era el mejor. Emocionada por sus palabras me trepé a su espalda y así seguimos todo el trayecto de vuelta a mi dormitorio, el llevándome a caballito mientras reía de los comentarios ocurrentes que le susurraba al oído sobre la gente que pasaba cerca de nosotros y nos miraba.
Para cuando llegamos quiso entrar conmigo. Estábamos empapados así que agarre unas toallas y mientras él se secaba yo me senté frente al espejo de cuerpo entero para mirarme la cara.
-          No esta tan mal… – había agarrado un poco de hielo de la mini heladera que Sara me había regalado antes de venir a la Universidad.
-          Si lo está; esta más hinchado y morado – sonrió – aunque sé que no queres oír eso.
-          Gracias.
Ahora fui yo quien le saco la lengua y mientras mi amigo se cambiaba la remera (mi habitación estaba llena de su ropa y demás pertenencias) me saqué los guantes y comencé a limpiarme las heridas.
-          ¿Puedo quedarme esta noche?
-          No creo que eso sea buena idea – lo miré – en algún momento vas a tener que volver a tu casa, a tu rutina.
-          ¿Y qué pasa si no quiero volver a mi rutina y quiero seguir pegado a la tuya?
-          Esto. – le mostré mis manos y Guillermo suspiro – No estás ayudando, solo me pone más nerviosa que estés dejando de lado tus cosas para acompañarme a todos lados.
-          Evidentemente no estoy haciendo muy bien mi trabajo si hoy paso eso. – señalo el golpe.
-          No tenes ningún trabajo. – apreté la mandíbula con fuerza y lo miré seriamente. Esto tenía que terminar – Ignacio no es una gran amenaza, dudo que vuelva a acercarsedespués de la escena de hoy y en algún punto vas a tener que aceptar que ya no tengo nueve y no necesito un guardaespaldas.
-          Sé que no tenes nueve, pero igual me tranquiliza dormir en tu cuarto. Por favor, solo esta noche. – sonrió y Dios, era tan difícil decirle que no cuando hacía eso – Es la última vez, lo juro.



6.12.16

C32

Sabía que escaparme no era lo mejor, pero no tenía ganas de estar viendo los increíbles ojos grises del chico que me había hecho sentir tan poca cosa apenas unas horas atrás.
Todavía faltaba para mi clase y como pasar tiempo con Ema estaba descartado no me quedo más remedio que meterme en un aula vacía, sacar todos los libros de la mochila y ponerme a avanzar con el libro de cálculo. Patético, pero útil al fin y al cabo.
Habré estado cuarenta minutos leyendo y haciendo ejercicios cuando una voz profunda me sobresaltó…
-          Al fin te encuentro.
Sorprendida y un poco impresionada por el susto que me había hecho pegar miré a Samuel, de pie en el umbral de la puerta, bloqueando la única salida que había.
¿Cómo me había encontrado? Y, lo que era más importante, ¿Cómo no lo había escuchado llegar?...
-          ¿Me buscabas? – fue lo único que atiné a decir, aunque mi mete de repente estaba trabajando en buscar la mejor y más rápida salida de esta habitación.
-          Si, quería discúlpame por mi comportamiento de ayer. Fui grosero e hiriente. Me sentí en desventaja porque me rechazaste y no medí las palabras antes de decirlas, estuve mal.
Bueno, debo admitir que no esperaba que Samuel se disculpara y mucho menos que me buscara para hacerlo, pero igual todavía me costaba hacer contacto visual sin recordar lo que nos habíamos dicho por eso me puse a guardar mis cosas dentro de la mochila mientras le contestaba...
-          Está bien, fue un momento tenso que nos hizo decir cosas hirientes a ambos así que en todo caso yo también me disculo. De todas maneras no creo que hayas dicho algo que no sea cierto, definitivamente no valía tanto esfuerzo.
-          No estaba haciendo un esfuerzo. – sus palabras sonaron bruscas y cuando lo mire noté que estaba apretando la mandíbula con fuerza - Lo que dije no es cierto, todo lo que hice en los últimos meses fue genuino, no pienses que hablaba enserio porque ayer solo era yo tratando de ser cruel usando una mentira.
-          No creo que haya sido una completa mentira, creo que te dejaste llevar y dijiste lo que en realidad pensabas con un poco más de crudeza. Ambos sabemos que no tenes porque ser tan amable conmigo todo el tiempo y teniendo en cuenta el historial de las amigas de Ema era natural que quisieras ver hasta donde llegaba, puedo llegar a respetar eso, pero lo que no voy a tolerar es que sigamos jugando a esto. Yo no tengo nada que te interese y vos no sos nada para mí, así que mantengamos distancia y finjamos que lo de ayer nunca paso. Es lo mejor.
-          Vos tenes muchas cosas que me interesan y con ese beso no estaba tratando de probar nada. Hice lo que quería hacer desde hacer mucho tiempo y no me arrepiento. No voy a hacer como que nada paso porque esto recién empieza. Lo arruiné con mi comportamiento infantil de ayer, pero sé que sentís algo por mí y definitivamente yo siento algo por vos como para alejarme. Te voy a dar espacio, pero eso no significa que me aleje definitivamente. Te abrume, puedo entenderlo, por eso ahora vas a estar tranquila; pero no te confundas Oriel, no voy a estar muy lejos.
Me quedé estática, mirándolo como si fuera el sol, la luna y todas las estrellas porque estoy segura de que la expresión de mi rostro se parecía mucho a la de estar mirando algo tan increíble como el firmamento. Samuel se acercó, se inclinó hasta quedar a mi altura y sin quitar sus ojos de los míos se fue acercando hasta que sus labios rozaron los míos en un nuevo beso. Uno mucho más suave, dulce y aún así igual de inesperado.  
Cerré los ojos y suspiré. Sentí el frío y la soledad cuando se alejo y no volví a abrirlos hasta que supe que se había ido y estaba sola. Para ese entonces no pude más que hacerme un ovillo en el asiento y comenzar a rezar para que esto, lo que sea que fuere que pasaba entre nosotros, no terminara rompiéndome.