9.2.18

Historia2 C19

La vuelta fue tranquila. Simón parecía estar pensando en algo importante y yo me encontraba muy cansada como para intentar forzar conversación.
Llegamos al edificio de residencias y nos paramos bajo el techo de entrada. Cada vez llovía más fuerte y aunque los dos estábamos empapados no necesitábamos más agua sobre nuestra ropa.
-          Bueno, fue una buena cena – dije, un poco incómoda. Odiaba esta parte. Jamás había cenado antes con otro chico que no fuese Guillermo y ya podía decir que esta parte era difícil.  – Gracias por la invitación.
-          Técnicamente no fue una invitación, lo hubiese sido si me hubieras dejado pagar la cena.
-          Es lo mismo, sabes a lo que me refiero…
-          Lo sé, pero igual la próxima vez me gustaría invitarte.
-          Está bien – suspire – tal vez la próxima te deje.
Simón sonrió de una forma tan sincera que me sentí un poco cautivada por él. Tenía ciertas actitudes que me atraían de una forma en la que no me había sentido atraída antes por nadie. Eso era inquietante…
-          Me gustaría que me dejaras. Y más me gusta la promesa de que lo vamos a volver a hacer. – Simón continúo sonriendo, pero entonces su sonrisa se borro y de repente se puso serio – No quiero arruinar la noche mencionando a Ignacio pero quiero saber cuándo fue la última vez que lo viste. Y ver tus manos, los guantes no me dejaron verlas en toda la noche.
-          Mis manos están bien y sobre Ignacio no tengo idea, ya ni recuerdo la última vez que lo vi.
Me encogí de hombros y después de esperar unos segundos para no quedar muy evidente di media vuelta y me acerque a la puerta.
No era tonta y esperaba que Simón saliera con algo así; estaba preparada y mi máscara siempre funcionaba, solo que esta vez algo paso porque Simón me tomo por la muñeca impidiéndome avanzar. Estaba serio y sus ojos, fijos en los míos, no tenían ese brillo habitual.
-          No sé cómo funcionará con el resto, pero yo no te creo una palabra.
-          Me ofende que no me creas, te estoy diciendo la verdad. – mentí.
-          Por supuesto que no lo estás haciendo, es tan evidente que en cierto punto me da gracia. Decime cuando fue la última vez que viste a Ignacio y mostrame tus manos.
Como si fuese una orden Simón puso sus palmas para arriba e hizo un gesto para incitarme. Me quede quieta, inmóvil en mi lugar.
-          Tus manos. Ahora.
La rabia hirvió en mi interior como fuego. ¡¿Quién se creía este chico que era?!
-          Dos veces nos vimos, ¡dos! ¿y ya te crees con derecho a darme órdenes? Haceme el favor de ubicarte en tiempo y espacio Simón.
Me quite su abrigo de los hombros, se lo arroje al pecho y aproveche el momento para dar media vuelta y entrar al edificio.
Hubiese sido una buena noche, si tan solo Simón no hubiese presionado podría haber dicho que fue buena.

27.1.18

Historia2 C18

La mirada en el rostro de Merlina no era buena. Las personas que solían descubrir quién era se tomaban el asunto con mucho entusiasmo y, en muchas ocasiones, me había ayudado a obtener lo que quería de forma más fácil y rápida.
Pero era evidentemente que con ella no sucedería ninguna ambas. Parecía incomoda y nerviosa y eso que ni siquiera sabía quién era mi padre en realidad; algo que agradecía completamente porque si se ponía así sin saberlo realmente no quería imaginar cómo reaccionaría si se enteraba de que era una leyenda del rock…
-          ¿Segura que estas bien?
-          Sí, claro. – simulo una sonrisa que no pudo engañarme. Estaba incómoda. - ¿Vamos?
Lo sabía. No la conocía pero de repente esta chica era tan sencilla de leer para mí. La miraba a los ojos y sabía lo que estaba sintiendo.
-          Si, vamos. ¿Queres que te acompañe a los dormitorios o que caminemos un poco antes de volver?
-          Quisiera volver a los dormitorio, es tarde y estoy cansada.
Asentí y en silencio los dos nos preparamos para salir a la lluvia.
Quise pagar la cena pero Merlina no me dejó. Casi hace un escándalo y solo se conformo cuando acorde que al menos podíamos pagar a medias. Ninguna chica alguna vez me había hecho eso.
Afuera ni siquiera hizo un amague para abrigarse, solo se puso la chaqueta y camino con calma bajo la lluvia. Yo tampoco había traído un paraguas y aunque me estaba congelado no quería ser menos y me acople a su paso.
No pude evitar aprovechar el momento para mirarla con mayor detenimiento. Tenía la piel blanca enrojecida por el frío. Su pelo castaño estaba pegado a su espalda y podía decirse que era largo ya que le llegaba a la cintura. Era linda, realmente linda. Ojos grandes y oscuros, labios rellenos y nariz pequeña. Alta, lo suficiente como para llegar a la altura de mis hombros y eso era decir bastante, y por la forma en la que la ropa se le pegaba al cuerpo era delgada. Tal vez en ese punto un poco demasiado pero tenía peso en todos los lugares correctos. Sus piernas, por lejos, eran lo que más me gustaba. Largas, siempre descubiertas cuando llevaba prendas cortas y las gotas de lluvia resbalando sobre su piel solo me tentaban a estirar la mano para poder…
-          ¿No tenes frio? – la voz de Merlina me devolvió a la realidad.
La miré. Era más que linda. Así, natural, era hermosa.
-          Un poco, pero ya casi llegamos. – contesté, agradecido de que su voz me hubiese sacado de la dirección que comenzaban a tomar mis pensamientos.
Aunque estaba empapado me saque el saco y lo puse sobre sus hombros. Ella me miro sorprendida e iba a decir algo, pero pareció arrepentirse porque se limito a asentir y regalarme una sonrisa como forma de agradecimiento. Mire sus labios por un segundo y luego volví la mirada al frente.
Quería ser amigo de Merlina. Ella necesitaba a alguien como yo a su lado y yo me había propuesto que durara. No podía dejarme llevar por impulsos o algo tan superficial como el deseo. Ella se merecía que lo intentara. No podía fallere, no quería arruinar esto para ella; no quería arruinar nada en su vida que ya parecía lo suficientemente arruinada sin tenerme a mí en el medio.

26.1.18

Historia2 C17

Me desperté con el sonido del celular.
Guillermo llamaba para ver cómo me encontraba y después de asegurarle que estaba muy dormida como para mantener una conversación coherente finalmente me dejo tranquila.
En la breve comunicación había intentado convencerme de que cenáramos juntos pero yo, muy vilmente, le dije que ya había hecho planes con Simón. Mi mejor amigo se puso loco de la emoción y empezó a repetir la palabra “cita” tantas veces que me sorprendí de que pudiera usarla tanto en una sola oración. Pero lo único que yo buscaba era que me dejara en paz y por eso le había mencionado la cena (a la cual no había pensado asistir) con Simón.
No quería cenar con el chico, pero para darle una noche libre a Guillermo haría cualquier cosa, y verlo tan tranquilo y feliz me había sorprendido gratamente porque entonces tal vez Simón me serviría para algo. Esta vez asistiría al encuentro, no le mentiría a Guillermo, pero en el futuro podía usar su nombre para excusarme de otras cosas…
-          Bueno, ahora te dejo Guille, tengo que cambiarme.
-          ¡Hay! ¡qué emoción! ¡¡Tu primer cita!! No puedo creerlo… - suspiró – tal vez debería ir para ayudarte a elegir ropa y…
-          ¡No! – ok, tal vez no necesitaba gritar tan desesperadamente. Tenía que calmarme. – No, no te preocupes, lo tengo todo resuelto. Mañana te cuento como fue. ¡Te quiero!
-          ¡Besos y SUERTE!
Corte rápidamente y sin ganas me levante de la cama. Agarre toallas y una muda de ropa al azar, me dirigí a las duchas y no tenía planeado volver hasta mucho tiempo después.
Todavía tenía sueño así que necesitaba pasar un buen rato bajo el agua para despabilarme.
No sabía qué hora era ni cuanto había tardado, pero cuando volví a mi habitación Simón ya estaba en la puerta, esperándome.
Al verlo tan impecablemente vestido me sentí algo insegura por mi elección. Tenía puesto un vestido sencillo color azul marino, botas y un saco gris que era largo y ya tenía sus años mientras que él tenía puestos unos pantalones del mismo color que mi vestido, camisa blanca y saco a juego (casi parecía un traje si no fuera por la ausencia de la corbata). Además estaba impecablemente peinado y yo, a su lado, con el pelo mojado y sin cepillar seguro parecía una loca.
Cuando estuve lo suficientemente cerca me miró y algo en sus ojos brillo al darme un vistazo…
-          ¿Te estabas bañando?
-          ¿No es eso obvio? – me agarré un mechón de pelo mojado y rodé los ojos - ¿Hace mucho estas esperando?
-          Un rato. – contuvo la risa – Y yo que pensaba que solo estabas tratando de deshacerte de mí…
-          No tientes a la suerte. – sonreí y me acerqué para abrir el cuarto. Tenía que dejar las cosas y agarrar la cartera.
Simón, como siempre, me siguió adentro.
-          ¿Ya sabes a donde queres ir?
-          ¿Puedo elegir yo? – lo mire por sobre mi hombro mientras dejaba todo en el placard.
-          Por supuesto.
-          Genial. – di media vuelta y sonreí – Quiero una hamburguesa con papas y un helado de caramelo. No importa de dónde.
Simón abrió los ojos ligeramente y no pase por alto el hecho de que nuevamente parecía contener la risa. ¿Qué le resultaba tan gracioso?
-          ¿Tengo algo en la cara? – dije de golpe. Tal vez no me había dado cuenta pero tenía pasta dental en la mejilla…
-          No, nada, estas perfecta.
-          ¿Entonces por qué contenes la risa?
-          Bueno, solo me causa gracia que seas tan despreocupada y decidida al mismo tiempo. Es un poco reconfortante, ¿sabes?
-          ¿Por qué?
-          Además esta eso, si algo te da curiosidad solo lo preguntas. Es reconfortante porque no suele suceder así. Las chicas con las que siempre salí eran un poco más complicadas que esto y…
-          Nosotros no estamos saliendo.
Fue claro que Simón se arrepintió de su uso de palabras, pero a mí no me importo. Yo lo sorprendía pero él no dejaba de encajar cada vez más en el estereotipo para chicos como él.
-          Lo sé, fue una mala elección de palabras y no debí comparar es solo que…
-          Mejor vamos. – lo corté. Si seguía hablando solo iba a empeorarlo – Tengo hambre y no quiero volver tarde.
Tome mi cartera y sin esperar a que me siguiera salí de mi habitación. Escuché como Simón cerraba la puerta y corría la poca distancia que nos separaba hasta alcanzarme. Me devolvió las llaves y se puso a mi lado.
-          Tengo el auto afuera, ¿o preferís caminar?
-          Caminemos.
Asintió y, en silencio, salimos del edificio para adentrarnos en la noche helada.
Estaba fresco y las estrellas estaban tapadas por un cielo rojo que anunciaba tormenta, pero aún así prefería caminar. Todavía no estaba lista para estar encerrada en un espacio tan pequeño con Simón.
-          ¿Entramos ahí? – Simón señalo una casa de comida rápida que estaba cruzando la calle.
Apenas habíamos caminado cinco cuadras pero ya estaba helada y el pelo mojado me hacía temblar.
El lugar estaba casi vació. Era una especie de cafetería que parecía dedicarse exclusivamente a la comida chatarra porque todo lo que figuraba en el menú estaba cocinado con aceite.
-          ¿Segura que queres que nos quedemos acá? – Simón había elegido una mesa pegada al ventanal que daba a la calle y ya se podían ver las gotas que comenzaban a caer afuera.
-          Si, está perfecto. – me quite el saco y volví a inspeccionar el acotado menú – Yo quiero una hamburguesa doble, papas con queso y un helado de caramelo.
-          ¿Para tomar?
-          Agua.
Para ese momento ya no puedo contener la risa. Me miro y se echó a reír.
-          Entiendo. – respiro profundo para calmarse y llamo a la moza. La chica vino casi corriendo y sus ojos devoraron a Simón mientras intentaba memorizar la orden. – Y dos vasos de agua por favor.
-          ¿Eso es todo?
-          Si, gracias.
Simón sonrió y volvió a centrar su atención en mí. Me sorprendió un poco porque la chica claramente se había mostrado interesada en él y la forma en que había contoneado las caderas al retirarse habrían hecho voltear la vista a cualquiera. A mí no me gustaban las chicas y aún así me había parecido sexy.
-          Entonces, Merlina, contame un poco sobre vos. ¿Qué más me podes decir que no sepa?
-          Considerando lo poco que nos conocemos creo que podría decirte mucho.
-          Lo dudo. Soy una persona muy observadora y pude descubrir algunas cosas.
-          ¿A si? – me incline hacia adelante y lo mire fijamente. Mirar a Simón era de las cosas que más me gustaban, el color de sus ojos era simplemente fascinante – Contame, ¿Qué descubriste?
-          Bueno, está claro que sos estudiante de primer año en Arte. No sé cuál es tu especialidad pero a juzgar por tus manos y las pocas veces que nos vimos diría que Pintura.
Sabía a qué se refería con mis manos, siempre estaban manchadas de pintura o carbón.
-          ¿Qué más?
-          Teniendo en cuenta lo mucho que me costó ubicarte y que vos misma me lo hayas dicho no sos una persona sociable. Tenes una meta y queres cumplirla, no viniste a la Universidad a hacer amigos y tampoco a ir de fiesta.
-          ¿Y cómo sabes eso?
-          Jamás te vi en ninguna.
-          ¿Y solo por eso lo aseguras?, podríamos haber estado en el mismo lugar cientos de veces y tan solo no darnos cuenta el uno del otro. Eso pasa, ¿sabías?, no siempre uno es consciente de todas las personas que tiene alrededor.
-          No, te hubiese notado. Sé que no salís de noche.
-          ¿Por qué estas tan seguro de eso?
-          Solo puedo decirte que nos hubiésemos hablado mucho antes si frecuentáramos los mismos lugares.
Parecía que Simón no quería darme más información y como en definitiva estaba en lo cierto, yo no salía a menos que Guillermo me arrastrara y siempre era para ver alguna banda que le gustaba, cambie de tema.
-          ¿Algo más que hayas descubierto sobre mi?
-          Sos imprudente, impulsiva, careces de instinto de supervivencia y claramente las normas de comportamiento social no significan nada para vos.
Y así, sin más, Simón soltó una carcajada.
Me había dicho imprudente, impulsiva y que carecía de instinto de supervivencia y aunque en parte tenía razón ni en un millón de años lo admitiría. Tampoco iba a negarlo, pero esperaba que mi mirada de muerte le diera una idea de que no podía pasarse tanto…
-          Se muy bien comportarme socialmente.
-          Tampoco dudo eso, pero se trata de tu forma de actuar diariamente. Como si ninguna etiqueta importara porque decime ¿Quién pide el postre junto a su cena?
Y así, sin más, comenzó a reír como un desquiciado.
Si no fuera porque su sonrisa era realmente hermosa lo hubiese dejado reír por siempre pero creo que mi postura lo hizo callar porque casi inmediatamente guardo silencio.
-          Ahora que te calmaste – dije cuando lo vi más controlado - ¿Queres que yo te diga lo que averigüe sobre vos?
La frente de Simón se arrugo y me sorprendió ver que de repente parecía incómodo y… ¿preocupado?
-          Relájate Simón, sos un estereotipo perfecto, no tenes de que asustarte. – reí.
-          Sabía que ibas a decir eso y los estereotipos no son buenos. Sobre todo los que vienen adjuntos con mi cara y apellido.
Era bueno saber que él era consciente de su belleza. Los chicos como Simón solían jugar con eso, lo usaban como un arma. Aunque ahora que hacía memoria él nunca había usado su apariencia como forma de seducción cuando estábamos juntos.
No sabía si ofenderme por eso o sentirme aliviada…
-          Veo que sos consciente de tu imagen – con un además abarque su cara – pero ¿Por qué hablas de tu apellido?
-          ¿Todavía nadie te lo dijo?
-          ¿Alguien tenía que decirme algo?
Bueno, esto si era una sorpresa. ¿Por qué el apellido de Simón era tan importante?, a menos que…
-          ¿Quién es tu papá, Simón?
Me encogí en el asiento porque esto no iba a ser bueno. Lo sabía.
-          Mi papá es…
Y en ese momento, justo en ese momento, la moza llego con nuestro pedido. Simón guardo silencio y le agradeció mientras dejaba nuestras cosas en la mesa. La chica aprovechó para presentarse y de forma muy valiente y descarada le comentó que más tarde habría una fiesta en un lugar que no sabía cuál era, de una fraternidad que tampoco conocía. Los ignore a ambos y me centré en mirar hacia afuera.
Había algo en la forma en que las gotas de lluvia golpeaban el ventanal que era cautivador. Tenía que dibujar eso. La oscuridad, el reflejo, el agua, el vidrio empañado…
-          ¡Merlina!
Volví de mi transe y mire a Simón. Estaba solo, ni rastro de la moza.
-          ¿Qué paso?
-          Nada, te tildaste, ¿todo está bien?
-          Sí, claro, perfecto. – sonreí y agarré mi bolso. Saque una libreta y un lápiz y rápidamente hice un bosquejo.
-          ¿Estás dibujando?
-          Sí, pero es un minuto, ya termino.
No levante la vista hasta que termine. Cerré la libreta y volví a guardar todo en la cartera. Simón me miraba atentamente, todavía no había tocado su comida.
-          ¿Siempre haces eso?
-          ¿Qué cosa? – tome una papa de mi bandeja y me la lleve a la boca. No me había dado cuenta pero tenía hambre.
-          Ponerte a dibujar así, de la nada.
-          Bueno, no fue de la nada – me estire para agarrar el helado que estaba en el centro de la mesa – tuve una idea y no quería perderla.
-          Ya veo…
Simón asintió pensativo y después de quedarse unos segundos más observándome comer mi helado finalmente se centro en su comida. Agarro la hamburguesa y le dio un gran bocado. Lo imite y todo el asunto de la cena se dio en un agradable silencio.
Comimos toda la comida que habíamos pedido e incluso Simón me ayudo a terminar mi helado. Comento que era muy interesante el concepto de mezclar lo dulce con lo salado y se noto muy entusiasmado cuando pidió otro y lo puso en el centro de los dos para que lo compartiéramos.
No fue hasta que terminamos de cenar que decidí volver a tocar el tema…
-          Está bien si no queres decirme tu apellido Simón, pero teniendo en cuenta que creíste que ya lo sabía probablemente lo descubra de todas formas.
-          No, está bien, no es nada grave y como bien dijiste vas a enterarte tarde o temprano. Mi papá es Teo Mendes. Mi mamá, por otro lado, es Teresa Amada.
Bueno, quería lucir sorprendida, quería que esos nombres me dijeran algo, casi estuve a punto de fingir que sabía de lo que estaba hablando pero eso hubiese sido muy estúpido porque realmente no tenía idea de quienes eran esas personas...
¿Qué absurdo no?, él tan preocupado y yo tan indiferente a la mención de aquellas nombres.
 Sentí mucha vergüenza porque por el tiempo que se había tomado Simón para contármelo y la expresión de seriedad de su rostro eran gente importante.
-          Yo, no sé cómo decir esto – de a poco me fui hundiendo en la silla – pero no tengo idea quiénes son tus papás Simón…
Era evidente que eran gente importante, no se habría tardado tanto en decírmelo si no fuera así.
La expresión de Simón fue de la sospecha, la incredulidad a la confusión en segundos…
-          ¿Me estas diciendo en serio?
Asentí. Solo esperaba que sus padres no se dedicaran a la política o fuesen científicos importantes que estaban a punto de descubrir la cura del cáncer porque eso me haría lucir verdaderamente ignorante.
-          Por Dios, no puedo creerlo – Simón sonrió – realmente no tenes ni idea.
-          Bueno, no, y justo ahora me estoy sintiendo bastante mal al respecto. Si pudieras sacarme de la duda te lo agradecería porque no me hace sentir bien ser tan ignorante sobre algo que, evidentemente, debería saber.
La risa de Simón fue tan repentina y tan potente que hizo que la moza que nos había atendido pegara un salto mientras le tomaba la orden a una pareja que estaba a unos metros.
Tuve que esperar a que dejara de reír para fulminarlo con la mirada.
-          ¿Qué es tan gracioso?
-          Vos. – sonrió – Y no de una mala manera, sino que no es que tenes que saberlo, es solo que no me había pasado antes que alguien me dijera que no los conocen, al menos a uno de los dos. – suspiro – Mi papá un cantante de rock, tiene una banda pero si su nombre no te suena la banda tampoco creo que lo haga y mi mamá es, o al menos era, modelo.
Y volvió a reír.
Lo dejé porque yo estaba procesando lo que me había dicho. ¿Su papá era una estrella de rock y su mamá modelo? ¡¿Este chico era hijo de gente famosa?!  
De repente Simón dejo de reír y se puso serio.
-          ¿Pasa algo?
-          Bueno… la verdad es que me tomaste por sorpresa. ¿Tus papás son gente famosa?, ¿eso me queres decir?
-          Si, justamente eso, pero ¿Por qué tenes esa cara?, pareces preocupada.
-          No, no. Es decir – suspire – no es que este preocupada pero definitivamente no esperaba eso. ¿Y vos sos conocido como ellos?, es decir…
-          Si te referís a si estoy pensando en dedicarme a la música como mi papá o al modelaje como mi mamá la respuesta es no. Todo el mundo, o al menos la mayoría de las personas, saben quién soy. Soy el único hijo de mis padres y eso, para gente como ellos, te hace especial, pero estoy alejado de todo lo que los rodea y a menos que visite a mi papá en una de sus giras o a mi madre en Europa mi participación en sus vidas es nula. Todos vamos por caminos separados, las reuniones familiares solo sirven en caso de que alguno me necesite por cuestiones de imagen o ajustes en lo laboral.  


I'm back.

26.10.17

Historia2 C16

Exhausta era una palabra un poco fuerte para describir mi estado, pero se le acercaba…
Cerré la puerta del dormitorio y me tiré en la cama. Había conseguido que Guillermo me dejara volver aunque sea para pasar una noche sola antes de pasar el fin de semana en su casa y casi que quería llorar de la alegría. Mi mejor amigo y yo convivíamos muy bien, lo habíamos hecho la mayor parte de nuestras vidas, pero después de tantos años juntos y de sentirme siempre una intrusa robando su espacio una de las mayores cosas que había valorado de obtener una beca y venir a la Universidad era el hecho de poder darnos espacio.
No sé cuánto tiempo tarde en quedarme dormida ni cuánto tiempo estuve en realidad durmiendo, pero sentía que habían sido minutos cuando los golpes en la puerta me despertaron. Quería ignorar a la persona que se atrevía a interrumpir mi descanso, había planeado dormir de corrido hasta el día siguiente aunque todavía tenía la ropa puesta y ni siquiera me había sacado las botas, pero el intruso insistía así que me levantarme a abrir.
Fue grande la sorpresa cuando del otro lado de la puerta me encontré con Simón…
-          ¿Dormías?
-          Si – me encogí de hombros y no hice ni siquiera un amague para acomodarme la ropa o el pelo que, estaba segura, era un nido de pájaros - ¿Necesitabas algo?
-          Ver si querías salir a comer algo. – Simón sonrió y aunque yo sabía que la imagen que le ofrecía era un desastre eso no impidió que continuara sonriendo como si estuviese participando en una propaganda.
-          Gracias pero no gracias, tal vez otro día Simón, ahora solo quiero seguir durmiendo…
Iba a cerrar la puerta; si, era grosero, pero él también lo era al acosarme, desaparecer y después volver a aparecer sin previo aviso y osando interrumpir mis muy preciadas horas de sueño.
Pero Simón tenía otros planes, antes de que pudiera evitarlo se metió dentro del cuarto y terminé encerrada con él.
Respire profundo y sin siquiera darle una mirada me acerque a mi cama. Con total naturalidad me acosté en ella.
-          Simón – suspiré y lo miré. El no parecía nada sorprendido por mi comportamiento indiferente. Le daba un punto por eso – ya hicimos esto y creeme que esta vez no estoy siendo malvada al decirte que no, solo quiero descansar en paz. ¿Puede ser?
-           Por supuesto que puede ser pero antes de que me eches quería disculparme por mi comportamiento. Desaparecí de golpe y eso no estuvo bien.
-          No tenes nada de que disculparte, ¿me sorprendió que desaparecieras así?, bueno sí, lo hizo, parecías decidido a acosarme – sonreí al ver su cara de disgusto ante mi uso de la palabra – pero te entiendo totalmente. Ya te lo dije antes, nosotros no somos amigos.
-          No lo somos pero podríamos serlo. Decía enserio que quería intentarlo la última vez que nos vimos.
-          Disculpa si ahora soy yo la que decide no tener un amigo como vos. Sos un chico amable y eso me sorprende pero no tengo tiempo para perder en estas cosas. Esto solo está sucediendo porque probablemente la barbie con la que te vi el otro día tiene otros plantes y yo no quiero ser el juguete de reemplazo de nadie.
Bostecé (no bromeaba cuando decía que tenía sueño) y no pase por alto que las manos de Simón se habían hecho dos puños y sus ojos, siempre brillantes por su color, estaban oscurecidos por la rabia.
Lamentaba si lo había ofendido, el chico, en general, no parecía mala persona, pero no tenía tiempo para perder con gente como él. No tenía tiempo para perder y punto.
-          No sos el maldito reemplazo de nadie. – su mandíbula estaba tensa y me miraba más allá de enojado.
Ok, esta era una nueva faceta y me sorprendió que me resultara sexy.
¿Qué diablos estaba mal conmigo?
-          Bueno, bueno, como sea. ¿Podes dejarme dormir ahora?
-          Si, ahora puedo dejarte descansar, pero en dos horas te vengo a buscar para que cenemos. Estate lista para ese entonces.
-          No voy a…
Nada, mi frase quedo en la nada porque Simón, ignorándome completamente, dio media vuelta y se fue dando un portazo.





Historia2 C15

¿Por qué no podía borrar el recuerdo de los ojos sorprendidos de Merlina al verme? no tenía idea. O tal vez si la tenía pero no quería pensar que había sido tan idiota.
-          ¿Me estas escuchando?
-          No. – respondí.
Los ojos negros de Helena echaron chispas.
-          ¿Estás tratando de hacerme enojar?
-          No, solo estoy buscando la mejor forma de hacerte entender que esto – me aleje de ella – no está funcionando. Nos divertimos, pero se tiene que terminar ahora.
-          Pero Simón, hacemos una pareja excelente. sé que necesitas tu espacio y puedo dártelo.
-          No necesito espacio, necesito que dejemos de vernos. Sos divertida, hermosa e inteligente – mentía, pero si no la adulaba Helena comenzaría a hacer un drama y no buscaba eso – Vas a conseguir otro chico con el cual divertirte enseguida pero entre nosotros ya no puede pasar nada.
-          Pero…
Lo había intentado, pero al ver los ojos de Helena llenarse de lágrimas supe que no podría evitar el berrinche que vendría a continuación.

20.9.17

Historia2 C14

Estaba yendo a clase de música, la cual odiaba completamente pero formaba parte del programa, cuando los vi. Simón caminaba en mi dirección pero no venía solo, una chica alta, rubia y delgada como una modelo de Victoria’s Secret iba colgada de su brazo. Ella le estaba susurrando algo al oído y él sonreía mientras la escuchaba.
Tengo que admitirlo, la imagen me sorprendió, pero me recupere rápido porque al ver a un chico como Simón junto a una chica como esa las cosas cobraron una nueva perspectiva. Ahora entendía porque el escándalo de Guillermo cuando no mencione nada sobre su aspecto.
Simón tenía una belleza cautivadora. Su pelo rubio, siempre impecablemente peinado, hoy estaba enredado y sus ojos turquesas como el océano brillaban más de lo habitual.
Pómulos elegantes, boca carnosa y una postura de seguridad que solo resaltaba aun más su cuerpo perfecto. Era como los dioses romanos que veía constantemente ilustrados en mis libros de historia. Ridículamente perfecto…
Eso y ni siquiera estaba teniendo en cuenta que siempre vestía como si estuviese listo para una cita; y no una cita informal del tipo ir al cine o a tomar algo, sino una cita verdadera, de esas en las que el chico usa camisa, saco y pantalones como si fueran hechos a medida.
Estaba por dar media vuelta y evitarlos cuando los ojos de Simón se posaron en mí. Chau salida fácil.
Lo salude cuando estuve lo suficientemente cerca…
-          Hola Simón, ¿Cómo estás? – le sonreí y para no quedar mal educada también le dedique una sonrisa a su compañera.
-          Hola Merlina – Simón sonrió, pero por primera vez la sonrisa no llego a sus ojos. Raro – todo en orden, ¿vos como estas?
-          Genial – y una mierda, pero él no tenía porque saberlo – iba justo a clases así que solo quería saludar y sigo mi camino. Que tengan un buen día chicos – y volví a sonreír solo como la mejor actriz podría hacerlo.
Camine lentamente y erguida, aunque lo único que quería era salir corriendo y perder de vista a la adorable pareja.
Simón no había intentado comunicarse conmigo después de su mensaje del domingo y ya hacía casi una semana de eso. Por supuesto que su alejamiento me sorprendió porque cuando desayunamos juntos había parecido muy decidido a que intentáramos ser amigos, aunque ahora ya podía dar por hecho que solo había estado aburrido y yo le había servido como un pequeño entretenimiento.
Lo que me molestaba era que por su culpa era yo quien no había podido seguir con mi ordinaria rutina. Ignacio solo había tardado dos días en aparecer y hacer una escena después de que Simón lo confrontara en el bar. Tenía una marca en la espalda para recordar el momento. Después de eso solo había intentado meterse en mi habitación pero yo ni siquiera había estado ahí gracias a Guillermo que volvía a ser sobreprotector y como Luca se había ido me obligó a quedarme en su casa con él.
Lo que me inquietaba era que había hecho todo lo que Ignacio me había pedido, hable bien de él con cuanta persona se me acerco apenas los rumores sobre él y Diana empezaron a circular por la Universidad y hasta intenté mejorar su reputación para que volvieran a admitirlo en el equipo de la Universidad, pero el intento había sido en vano y por eso su ensañamiento iba en aumento.
Culpaba a Simón por eso pero tenía la esperanza de que si seguía alerta y evitándolo finalmente se cansaría. Había pensado en hablar con Guillermo y hacer la denuncia, pero cuando descubrí que Ignacio era hijo de un importante juez que encima era amigo del decano desistí de la idea. Ahora entendía porque Diana había desaparecido de un día para otro; pero esa no era una opción para mí, no me acobardaría. Había trabajado muy duro para obtener una beca en artes en esta Universidad y no tiraría todo eso a la borda por un loco que se me cruzaba por el camino. Ni siquiera era el primero.
Detuve el torrente de pensamientos cuando llegue al aula. Encima era enserio, realmente odiaba esta clase.


Un fragmento invisible de silgo después la historia continuaba...

19.6.17

Historia2 C13

Los gritos de Ema se escuchaban desde mi cuarto y por mucho que quisiera concentrarme en el libro de texto que tenía enfrente sabía que hasta que no se detuviera no podría hacerlo. No podía culparla, estaba enojada con Sam por haberse metido en una de sus citas. Samuel se pasaba en protector y Ema había llegado a la edad en la que tendría que darle su espacio o las cosas se arruinarían para ambos.
Cerré el libro, no tenía caso seguir intentándolo, tome mi billetera, una campera y salí del cuarto.
Pase por la habitación de Sam y me encogí al sentir los gritos aún más fuertes. La chica sabía cómo elevar el tono de forma amenazante.
Afuera estaba helado, pero aún así no quería usar el auto. El viento frío me haría bien y tenía que ir acostumbrándome al clima porque en breve comenzaban los entrenamientos a campo abierto.
Tenía ganas de salir, de ver a alguien y disfrutar de una salida, pero la gente que conocía y con la cual quería pasar el tiempo estaba ocupada con sus dramas como para salir conmigo a distraerse.
En momentos como este me daba cuenta de lo selectivo y cerrado que era. Sí, conocía gente a montones, pero mi único amigo era Sam y recientemente Oriel se había unido a la corta y patética lista. No disfrutaba estar en grupo a menos que fuera con ellos y estaba seguro de que eso no decía nada bueno sobre mí; sobretodo teniendo en cuenta con la cantidad de chicas que había conectado en el último año.
¿Me convertía eso en un chico de veinte años patético y raro?, si, lo hacía, y superficial también pero no podía evitarlo, no era como si mi apellido me diera muchas opciones de todas formas…
Estaba revisando mi lista de contactos, tendría que elegir a alguien que me ayudara a pasar el rato y algo de compañía femenina parecía ser la opción más indicada, cuando se interpusieron en mi camino. Seguí con la mirada el par de piernas esbeltas y largas y no pude evitar sonreír al encontrarme con su cara. No recordaba el nombre de la chica, pero de solo verla había calentado gran parte de mi cuerpo y eso era lo que importaba…
-          ¿Cómo estas Simón?
-          Perfectamente ahora que nos vemos, ¿vos?
Sabía que si la chica no estuviese tan maquillada podría haber distinguido el rubor de sus mejillas porque sus ojos se iluminaron al darse cuenta de que mi actitud había cambiado y no era tan indiferente como la última vez que nos habíamos visto.
-          Muy bien – sonrió - ¿ibas a algún lado?
-          Pensaba ir a comer algo. ¿Queres hacerme compañía en la cena?
-          ¿Me estas invitando a cenar?
-          Si.
Su sonrisa perfecta se ensanchó aún más y aunque no estaba convencido de lo que estaba haciendo igual disfrute que dijera que si.

17.6.17

Historia2 C12

Lunes, preciado y muy rutinario lunes…
Después de un domingo tan extraño como el de ayer no podía estar más aliviada de volver a la rutina como lo estaba.
Necesitaba volver a clases para dejar de pensar en el extraño desayuno que había compartido con Simón y la aún más extraña noche en donde, mientras cenaba con los chicos, recibí un mensaje de texto de su parte preguntando como estaba. Tenía que admitir que era persistente pero ese era justamente el problema, hacía muy poco que lo conocía y nadie me podía sacar de la cabeza que chicos como Simón solo buscaban chicas como yo para divertirse un rato. Hasta el momento nada demostraba que no era igual a Ignacio y, así como había pasado con Diana, podía resultar en que yo me volviera en el próximo objetivo de Simón. Tenía que ir con cuidado; la única persona amable que había conocido en mi vida oficiaba de mi mejor amigo y tenía suficiente experiencia como para saber que Guillermo era como una piedra preciosa, de mucho valor y difícil de encontrar.
Estaba a mitad de mi clase de pintura contemporánea cuando recibí un mensaje de Guille avisándome que Luca había decidido quedarse una semana más. No pude sentirme más feliz y aliviada al mismo tiempo, feliz porque adoraba a Luca y siempre era bueno tenerlo cerca y aliviada porque el hecho de que él estuviese en la ciudad mantenía a Guillermo alejado para que me devolviera espacio; el hecho de que no se hubiese presentado a mis primeras dos clases ya era una muestra de ello.
 Termine la clase más tarde de lo programado, la profesora se extendió en su explicación sobre el concepto de “moderno” y eso implicó que tuviera que correr para no llegar tarde al té que Guillermo había organizado en su casa para que todos compartiéramos un poco de tiempo juntos. Esta noche los chicos tenían una cena con unos amigos de Luca y aunque habían insistido en que los acompañara tuve que declinar la invitación; ellos necesitaban tiempo a solas y yo no soportaba la clase de chicos con los que Luca se juntaba. Todos jugaban como él y aunque no me gustaba encasillar a las personas lamentablemente eso era inevitable en la patética sociedad en la que vivíamos.
Llegue a lo de Guillermo media hora tarde y no perdió el tiempo reprochándomelo…
-          No me parece que nos hagas esperar. – dijo mientras servía un poco de té rosa en mi taza – Tuve que calentar el agua dos veces.
-          No seas pesado – lo reprendió Luca mientras agarraba un bollo de canela del inmenso plato que estaba en el centro de la mesa – se atraso por su clase, no porque se quedo mirando instrumentos y perdió la noción de la hora.
-          Si con eso me estas queriendo decir algo solo voy a ignorar el sarcasmo. – Guille terminó de acomodar las tazas, dejo la tetera y se sentó junto a su novio.
Amaba el drama de mi amigo y más amaba la forma en que Luca se acoplaba y le seguía el juego. Me hacían reír a montones y eso era justo lo que necesitaba.
-          Entonces – dije para cambiar el rumbo de la charla. Ya estaban empezando con la escena de gritos que formaba parte de su novela - ¿Qué planes tienen para esta noche?, además de la cena con tus amigos Luca, por supuesto.
-          Bueno, pensábamos salir a tomar algo con el grupo y, si querías, al menos podrías unirte con nosotros para ese entonces…
-          Lo dudo – le dije a Luca. Parecía esperanzado, pero yo rompería su ilusión en este momento. – es lunes y no quiero arrancar mi semana arruinando tanto los horarios.
-          Mentís – intervino Guillermo – Esa costumbre que tenes de querer ser gentil todo el tiempo es algo molesta ¿sabes?, no siempre voy a estar para decir lo que en verdad estas pensando.
-          Tal vez, y solo tal vez, no es mi deseo que siempre estás ahí creyendo saber lo que estoy pensando.
-          No creo que lo sé, lo hago. – miro a su novio y puso cara de suficiencia – Merlina no va a venir con nosotros porque no soporta a tu grupo de amigos, sobre todo a ese Gastón que no para de estarle encima cada vez que salimos juntos.
-          Bueno, puedo entender eso – Luca no parecía sorprendido en lo absoluto – pero si es por Gastón no te preocupes que puedo mantenerlo a raya.
-          No, no es Gastón, yo también puedo mantenerlo a raya – sonreí – es solo que esta vez no tengo humor para salir y realmente no quiero empezar la semana trasnochando.
Luca asintió y a partir de ese entonces la conversación se centro en Guillermo y su necesidad imperiosa de buscarme pareja.
Esto siempre pasaba cuando estaban juntos, Guillermo se sentía tan enamorado y contento cuando estaba alrededor de Luca que no podía evitar querer que yo viviera lo mismo y para peor su novio se sentía igual que él así que solo alimentaba sus delirios. Básicamente los ignoré, siempre lo hacía, y para cuando terminamos de merendar finalmente ambos se habían dado cuenta de que era una causa perdida. Lo último que quería era dejar entrar un chico en mi vida.

31.5.17

Historia2 C11

Caminar junto a Simón no era lo mismo que caminar junto a Guillermo.
Simón tenía un ritmo lento, guardaba silencio y estar junto a él generaba una sensación de seguridad que no había experimentado hasta el momento; Guillermo era como mi hermano y junto a él me sentía la persona más fuerte y capaz del mundo pero no era lo mismo.  
Llegamos al café que estaba a unas cuadras de la Universidad y sorpresivamente Simón eligió la mesa en la que siempre me sentaba a dibujar. Amalia, la camarera, se acercó enseguida para tomar nuestro pedido y Simón la miro sorprendido cuando después de tomar su orden comenzó a alejarse sin dirigirme una sola mirada. Por supuesto que la detuvo y no me gustó nada la mirada de resentimiento que le echó al hablarle…
-          Ella también va a desayunar. – la voz de Simón fue cortante y sentí mucho orgullo por Amalia al no demostrar sentirse intimidada.
-          Lo sé. – la chica de pelo rosa y labios pintados de azul me miró y guiño un ojo.
Simón la miro aún más confundido y cuando finalmente estuvimos solos me miró inquisitivamente.
-          ¿Siempre venís acá? – bueno, el chico era más listo de lo que pensaba. Me gustó notar eso.
-          Si y siempre pido lo mismo.
-          ¿Siempre?
-          Siempre.
Simón asintió y, sin pedir permiso, tomo mi mano que estaba apoyada sobre la mesa. Sentí un cosquilleo en el estómago cuando su piel hizo contacto con la mía pero lo ignore, no quería que pensara que me afectaba tenerlo cerca; eso solo me convertiría en una chica como cualquier otra porque estaba segura de que era de esos chicos que causaban un fuerte efecto en las mujeres. Solo con ver su perfecto rostro podías deducirlo.
-          ¿Qué haces? – pregunté cuanto apretó su agarre y estiro mi brazo hasta que estuvo a su altura.
-          Nada. – sin mirarme y sin pedir permiso subió la manga de mi sweater.
-          Eso que estás haciendo no está bien. – tire de mi brazo para que lo soltara pero lo sostuvo con más fuerza.
-          ¿Ayer? – sus ojos turquesa me taladraron y pude ver reproche en ellos.
-          No es de tu incumbencia.
Tiré con más fuerza y pude soltarme. Simón no se vio muy contento pero no dijo nada y se inclinó sobre la mesa para estar más cerca.
-          Esto es lo que va a pasar… – se inclinó aún más y sus ojos claros que parecían brillar con la luz que entraba de afuera me obligaron a guardar silencio - vamos a ser amigos, vamos a frecuentarnos y vas a dejar de querer alejarme y poner el grito en el cielo cada vez que me tenes cerca. No me interesa si eso te trae problemas con Ignacio o no, ya entendí que podes cuidarte sola y justamente por eso no veo motivo para que no podamos continuar con esto. – nos señalo a ambos – Puede que después terminemos odiándonos, que no seamos compatibles, que pasada una semana ya no te quiera tener cerca pero dudo eso y, francamente, me está haciendo falta un nuevo amigo, así que ya no intentes alejarte. No vas a lograrlo.
-          ¿Vos me queres hacer creer que te hacen falta amigos? – sonreí. Esa parte había sido tan ridícula.
-          Sí, necesito ampliar mi círculo. – volvió a acomodarse en su lugar y me miro seriamente - Que me vea y actúe como si el mundo me perteneciera no significa nada y vos más que nadie debería saber eso.

8.5.17

Historia2 C10

Me quede dormida con la ropa puesta, sobe las sábanas deshechas. El frío y el sueño profundo hicieron que me despertara con todos los músculos agarrotados. Necesitaba un baño caliente y un café; junte ropa limpia, agarre una toalla y salí del cuarto camino a las duchas.
Había visto el reloj antes de salir por eso no me sorprendía que los pasillos y el baño de mujeres estuviesen desiertos. Nadie se despertaba un domingo a las ocho de la mañana; solo los muy estudiosos, y para ellos esta hora ya era tarde.
Me tome mi tiempo bajo el chorro de agua caliente y quise llorar de la impotencia cuando me vi las marcas en los brazos y el moretón, ahora azul, sobre las costillas. Era un desastre.
Estuve casi una hora en la ducha y solo volví al cuarto para dejar la ropa sucia y agarrar algo de plata.  
Estaba saliendo del edificio cuando sentí el celular vibrar dentro del bolsillo trasero de mis jeans.
* ¿Despierta a esta hora? Un domingo, ¿desayunamos juntos?
 Simón *
Me detuve en seco y leí el texto dos veces para comprobar que no estaba delirando…
-          ¿Muy espeluznante?
Del susto pegué un salto y deje caer el teléfono al piso.
Simón estaba frente a mí, sonriendo y mientras se agachaba a levantar mi teléfono me tome unos segundos para bajar la adrenalina…
-          Lo siento, no quise asustarte. – me extendió el celular - ¿Desayunamos?
-          ¡Por Dios Simón!, ¡¿Qué haces acá?! Esto se está volviendo extraño, me estas asustando…
Y lo decía enserio. De repente ya no tenía que preocuparme por Ignacio sino por este chico de ojos turquesa que se aparecía cada dos por tres en cualquier lugar en el que estuviese y además ¡¿Cómo diablos había conseguido mi teléfono?!
-          No tenes nada de qué preocuparte, solo salí a correr como lo hago todos los domingos a esta hora y te vi, no te estoy acosando.
Me detuve a mirar su ropa, estaba vestido con un joggin azul, remera blanca y tenía el pelo mojado por la transpiración. Me dio bronca darme cuenta de que aún con ese aspecto el chico lucía perfecto. Tan detestable…
-          Muy bien, puedo creer eso – dije al fin, intentando relajarme -  ¿Pero cómo conseguiste mi teléfono?, estoy segura de no habértelo dado.
-          Bueno, esa parte si puede hacerme quedar mal. Se lo pedí a una chica que conozco y está en tus clases…
Cerré los ojos y respire profundo. Yo no tenía amigos, solo compañeros con los que hacía grupos para los trabajos que obligatoriamente tenían que ser en equipo, y eso solo quería decir que Simón realmente había estado averiguando.
-          Eso está mal – lo mire seria – tan mal que no me salen las palabras para reprocharte. Dejame tranquila Simón, ya te lo dije ayer. No quiero tenerte cerca, solo me vas a traer más problemas.
-          Estas exagerando, solo quiero que seamos amigos. No podes negar que esta coincidencia nos está diciendo algo. ¿Por qué no queres tenerme cerca?
-          Ya te dije, entre vos y Guillermo solo van a empeorar las cosas y sé lo que estás haciendo. Te pensas que porque viste que una vez un chico me levanto la mano necesito que alguien me ayude pero no, no necesito a nadie. Lo que paso no es la gran cosa y ya deja de querer actuar como el héroe porque es patético y no va a resaltar tu masculinidad.
Estaba siendo cruel pero no importaba, Simón tenía que entender el mensaje.
Di media vuelta para irme, la mala noche y este peor comienzo de mañana me estaban afectando, pero para detenerme Simón me agarró el brazo y sostuvo con fuerza. Pegue un grito y sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas.
-          ¡¡Simón!!
-          ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué paso?!
Me había agarrado por la muñeca que estaba lastimada y de la presión que había ejercido podía sentir como las heridas, frescas por la ducha, latían bajo el sweater.
Agotada, tenía que respirar profundo para contener el insulto y el dolor, apoye mi frente en su pecho. Simón se quedó quieto mientras yo me relajaba. Estaba invadiendo su espacio personal pero no me importaba y al parecer a él tampoco porque no me apartó hasta que estuve relajada y para eso solo apoyó sus manos en mis hombros y me alejo solo lo suficiente como para poder verme a la cara.
         -    ¿Qué paso?, ¿Qué hice?
         -     Nada – suspire – no fue nada. Ya está.
         -    ¡Y una mierda! – su grito me sobresaltó - ¿Qué paso?
Algo frustrada, ya conocía a Simón como para saber que no se detendría hasta que le contestara, me separé de él y me levante la manga del sweater. Sus ojos se abrieron ligeramente y sin pedir permiso tomo mi brazo como si fuera de cristal.
-          No es nada Simón, solo me dolió porque recién salgo de la ducha y la piel esta sensible, pero la mayor parte del tiempo no lo siento.
Sus ojos, ahora llenos de algo muy similar a la compasión, se clavaron en los míos. Era difícil mantener la mirada, sentía que me estaba viendo por dentro, que estaba descubriendo cada uno de mis secretos; pero eso era absurdo porque el chico no me conocía y en definitiva yo no tenía nada de qué avergonzarme.
-          Vamos a desayunar. Y no, no te estoy preguntando. – entrelazo sus dedos con los míos y tiro para que comenzara a caminar a su lado – Vamos.